Innovar para Competir en un mercado global

Estamos inmersos en un orden económico que hace años ha roto definitivamente con el viejo paradigma que ha regido el mundo basado en la escasez y las restricciones derivadas de la naturaleza finita del capital, el trabajo y la mano de obra. Así, el nuevo orden se sustenta sobre los pilares del conocimiento, la innovación, la tecnología y la colaboración entre países y agentes, y desafía abiertamente el orden anterior y su teoría de la escasez porque la economía del conocimiento y la innovación crece y se extiende más cuanto más se usa hasta convertirse en la principal fuente de competitividad real para los países y las regiones.

Uno de los principales retos que tiene Euskadi para generar empleo de calidad, incrementar la riqueza económica y mantener y mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos es consolidar una nueva economía industrial basada en el conocimiento. Una apuesta en la que están involucrados los principales países desarrollados como EEUU, Reino Unido, Alemania, etc. Una economía abierta, sostenible, innovadora y tecnológicamente avanzada apalancada en dos pilares, la competitividad de las empresas capaces de ofrecer al mercado productos innovadores y un sistema de I+D+i, especializado, con el tamaño crítico suficiente para desarrollar soluciones de valor y conectado a nivel internacional, que en colaboración permanente con las empresas pueda ayudarles a competir a escala global desarrollando una industria de fabricación (“Thought”, pensada y “made” en parte), exportadora y competitiva a escala internacional.

Estamos frente a un mundo cada vez más interconectado, con un consumidor más reflexivo y con múltiples opciones de elección. En este escenario de incertidumbre, el enfoque en mejorar la competitividad empresarial ha sido uno de los factores clave, ya sea para empresas o instituciones. Competitividad que ha estado marcada mayoritariamente por un objetivo de reducción de los costes de todo tipo, con el fin de lograr precios más competitivos en el mercado. Sin embargo, la reducción de costes es limitada y no hay mucho margen de maniobra en este sentido. El nuevo estadio es la economía de la innovación y el “time to market”, el llegar antes que los demás, y de forma diferenciada, al mercado.

En definitiva, la competencia a través de los costos más bajos debe ser compensada por la innovación de vanguardia en productos, procesos y servicios. No hay otra alternativa para los países con salarios altos y mayores costes de operación.

Hoy en día existen en el mundo más de 300 ciudades más grandes que Euskadi. Además, no disponemos de recursos naturales que nos permitan generar riqueza por su explotación y comercialización, por lo que somos muy dependientes de todo tipo de materias primas, que se encarecerán en el futuro haciéndonos perder competitividad. Vivimos en un mundo urbano. La mitad de la población mundial ya vive en ciudades y genera más del 80 por ciento del PIB global. En 2025 será todavía mayor. El paisaje urbano de la tierra parece ser estable, pero su centro de gravedad está cambiando decisivamente, y a gran velocidad. En los próximos 15 años, la composición del grupo de las principales ciudades cambiará a medida que el centro de gravedad de la población urbana mundial se mueve al Sur y, aún más decisivamente, al Este.

Nuestra capacidad de generar recursos está basada, casi en su exclusividad, en la productividad de las personas y de nuestras empresas. En el nuevo escenario y para un país como Euskadi, que tiene como principal palanca para generar valor el conocimiento de las personas, la innovación es la garantía de supervivencia, ya que es necesaria una adaptación rápida a una coyuntura nueva y desconocida, donde se exige poner en valor las nuevas tecnologías y conocimientos y amortizar las existentes.

Euskadi cuenta con una serie de fortalezas sobre las que poder construir unas sólidas bases de futuro. Por ejemplo, un índice de desarrollo humano del 0,924 (2013) por encima de países como Alemania, Islandia, Dinamarca, Francia o Reino Unido, pero también una industria asentada en sectores con elevado potencial de crecimiento en la economía global, un alto porcentaje de personas con educación terciaria, o su elevado el PIB y renta per cápita que se encuentran a la altura de las regiones más avanzadas de Europa. Sin embargo, también existen una serie de elementos que amenazan la competitividad de nuestras empresas como la brecha en I+D+i frente a países y regiones industriales más avanzados (aunque lideremos la inversión en I+D del Estado: 2,12%/PIB en 2012), los limitados niveles de transferencia tecnológica del sistema y, sobre todo, nuestro bajo nivel de exportaciones de alto nivel tecnológico (debemos dar el salto de líder seguidor a líder tecnológico). El programa de especialización RIS3 liderado por el Departamento de Desarrollo Económico y Competitividad donde se definen las metaprioridades de investigación y desarrollo tecnológico y también una estrategia horizontal de reordenación de la red vasca de ciencia y tecnología que, realizada desde una estrategia compartida con los agentes, contribuirá a minimizar los riesgos.

La innovación, se presenta como una garantía de supervivencia para el reto de construcción de la nueva economía, ya que es un recurso clave para la adaptación de nuestras empresas a la nueva coyuntura. Un nuevo estadio que exige poner en valor nuevas tecnologías y conocimientos de manera recurrente a medida que se van amortizando los avances del pasado. Debemos ser capaces de desarrollar procesos de innovación eficaces y efectivos, además de contar con procesos de generación de conocimiento excelentes, combinados con modelos de negocio capaces de ponerlos en marcha. Modelos que deben ser capaces de evolucionar rápidamente acorde a las exigencias de un mercado globalizado, con clientes y consumidores interconectados donde las distancias y el tiempo se acortan.

La Red Vasca de Ciencia, Tecnología e Innovación (RVCTI) debe ser una parte importante de la respuesta a estos grandes desafíos de Euskadi. Pero debemos entender que la I+D+i no es un fin en sí mismo, es un instrumento, una herramienta para conseguir dichos objetivos. No podemos equivocar la estrategia con las herramientas. En este sentido, es crítico la articulación y rápida adaptación de la política científica y tecnológica basada en la demanda en términos de propuestas de contribución a estos grandes desafíos a los que nos enfrentamos y definidas en la estrategia RIS3. Porque estos grandes desafíos encierran grandes oportunidades, nos proyectan al futuro y son el mecanismo para unir la inversión en ciencia y tecnología con la generación de bienestar: empleo de calidad, actividad económica e ingresos fiscales para contribuir a la riqueza que necesita nuestro país.

El sistema de innovación debe “innovar” y adaptarse a las nuevas claves competitivas que necesita la sociedad, a través de colocar a las empresas, los emprendedores y las organizaciones generadoras de valor a la sociedad como tractores del sistema. En ser más eficiente, simple y con visión integral racionalizando las estructuras de todo el sistema de innovación y con una gobernanza clara, con capacidad de alinear al sistema hacia los objetivos del País evitando la competencia interna innecesaria, invirtiendo sólo en aquello que genera valor y eliminar lo que sobra, medir de forma continua el valor generado, implementar modelos de negocio innovadores que contemplen desde el diseño hasta el servicio postventa y abierto al mundo e interconectado (aliado) con los mejores.

El peor enemigo que tiene hoy la RVCTI es no saber entender el reto de los próximos años. Crecer no significa nunca duplicar capacidades y competencias. Crecer significa saber especializarse en tecnologías, pero sobre todo en mercados y aportando siempre valor. Lo que no aporta valor aporta coste y nos hace menos atractivos. Crecer significa sobre todo mejorar los resultados científicos, tecnológicos y, especialmente, el impacto económico y social por crear productos y tecnologías competitivas en el mercado capaces de generar retornos y hacer sostenible el sistema.

La importancia de no confundir fines y medios

Me sorprende cada vez más la confusión generalizada que existe entre muchos profesionales de confundir el fin con los medios. Algo tan sencillo como hacerse en primer lugar preguntas tan simples como ¿qué queremos? ¿para que lo queremos?, antes de empezar a  utilizar herramientas que no siempre sabemos para que sirven nos ayudaría a avanzar no sólo más y mejor, sino a elegir mejor el ¿cómo?.

Hablamos de invertir más en I+D pero no concretamos las soluciones que tenemos que lograr, solicitamos alcanzar un 3 % del PIB y dedicamos largos debates, muchas entradas en blogs sobre las bondades de la inversión en innovación. Pero como no hemos definido bien las metas en términos de mejoras o soluciones concretas no sabemos si lo que necesitamos es un 3, un 4 o con un 2 % es suficiente. Dlme lo que quieres conseguir y definiré lo que necesito.

Si ponemos el foco en las redes sociales parece que la empresa que no está en internet no existe, además todas tienen que tener perfile en Facebook, Twitter, etc. Pero las preguntas clave hay que hacerlas antes de elegir que hacer. Necesitamos esos canales de comunicación para compartir información con los clientes? cual es el canal más relevante para relacionarme con los clientes? y otras muchas antes de elegir que hacer. Un ejemplo de lo importante en definir lo que se quiere para luego elegir que hacer es este caso de Una historia en las redes sociales

 

 

 

 

Un ejemplo de Innovación en la organización para aportar valor a la Sociedad

En un mundo globalizado las organizaciones tienen que ser capaces de crear valor para las personas desde un nuevo enfoque. Nos encontramos en un escenario similar a la primera revolución industrial aunque en estos momentos son otras las variables que deben ser tenidas en cuenta. Comprenderlas y aprovechar las oportunidades que ofrecen es la clave para poder ser más eficientes, innovadores y generar nuevos o mejorados productos, reconocidos y valorados por las personas y por los que están dispuestos a pagar.

El concepto “innovación” debe ser global en la organización e implica ante todo inconformismo con lo conseguido: en la operativa interna, en la relación con los clientes, en la manera de producir, de inventar, etc. Siempre hay una manera más eficiente de hacer las cosas y, aunque no lo veamos, la oportunidad de mejora tiende al infinito. Comprender esto, aceptarlo, asumir el riesgo que ello implica y estar en disposición al cambio continuo, especialmente cuando el éxito nos sonríe, es la primera palanca para poder disponer de una organización innovadora. Además, un factor de complejidad añadido es que este hecho debe ser comprendido y compartido por todas las personas de la organización, ya que en tal caso se dan las circunstancias para que las personas cooperen para crear. Los seres humanos conseguimos un enorme incremento de productividad y de espíritu emocional positivo que nos permite superar las más increíbles adversidades cuando nos situamos unos junto a otros. Juntos nos tenemos límites.

No hay una receta simple y fácil de aplicar que ayude a innovar y tener éxito en todas las organizaciones. Sin embargo, si una organización quiere ser innovadora debe tenerlo definido dentro de su estrategia y trabajar de forma sistemática y perseverante para conseguir innovaciones incrementales o radicales. Raramente se consiguen invenciones que son un gran adelanto, generalmente son continuistas, ya que son las más fáciles porque se basan en los productos que los clientes valoran o en los procesos que tienen éxito.

A la hora de “cocinar” la innovación en nuestra organización hemos seguido unos sencillos pasos que nos han ayudado a tener éxito y han supuesto también un cambio en la manera de entender los procesos con los que nos gestionamos, pero sobre todo en la manera de entender cómo debemos crear valor para la sociedad:

  1. Conocer los deseos y necesidades de los comensales: el primer aspecto crítico es conocer y entender las necesidades de los grupos de interés de nuestra organización, de los clientes de nuestros clientes, en saber cómo y cuándo utilizan los productos. Pero no es suficiente, hay que “ver” en el futuro para  entender lo que sucederá y preverlo. Es necesaria una visión en profundidad, a largo plazo. Esa visión es mejor hacerla en compañía de nuestros clientes,  proveedores, colaboradores, incluso de los usuarios de los productos. Por qué conformarnos con el conocimiento y visión de las personas de nuestra organización cuando podemos tener la de cientos, si no miles, de personas más que nos pueden ayudar a comprender las tendencias y a ver oportunidades de mejora que jamás habríamos imaginado. Un ejercicio continuo de prospectiva es necesario en toda organización para tener éxito, ya que se trata de adelantarnos a lo que sucederá.
  2. Planificar el menú con antelación: las oportunidades de crear valor son infinitas, por ello no es posible en ninguna organización atender a todas las oportunidades que se nos presentan. Hay que apostar, elegir y también renunciar. Este es quizás uno de los procesos más difíciles de asumir, ya que en general no estamos acostumbrados a decir no. Aunque son muchas las posibilidades que tenemos hay que asumir riesgo, desafíos y elegir los “platos” que satisfarán a nuestros comensales, ordenarlos y buscar el equilibrio entre ellos.
  3. Seleccionar los mejores ingredientesy confiar en su calidad: lo primero son las ideas, pero las ideas no son ni buenas ni malas, tienen que ser aceptadas no sólo por la persona que la genera sino por el equipo que las usará para innovar, ya que la innovación es un proceso colectivo. Perseverar y confiar en las ideas, son lo que nos llevará a otro sitio, son nuestro motor. Si nos equivocamos también hemos aprendido, los errores no son la “sal” de la vida sino la vida misma de la innovación.
  4. Cocer a fuego lento: toda innovación (en producto, en los procesos, etc.) va acompañada de incertidumbre y complejidad. Hay que aceptar desde el inicio que será un proceso complejo y disponerse a gestionar las contradicciones inherentes a todo proceso evolutivo de cambio. Lo importante es tener claro lo que se quiere alcanzar, proveer los recursos y facilitar los contextos necesarios para gestionar la complejidad.
  5. Condimentar en el momento justo: la innovación no permite especular con el tiempo para perderlo, la gestión del tiempo es fundamental para garantizar cambios sostenibles. La rapidez es clave, pero no pueden buscarse atajos para ganar tiempo, no es posible pasar de la idea al negocio, todos los pasos son importantes y el plato final de nuestra receta sólo estará perfecto si hemos sido rigurosos en hacer en cada momento lo que corresponde.
  6. Sorprender con algo no esperado: siempre tenemos que estar dispuestos a dar algo más que lo que el cliente espera, hay que correr riesgo, abordar un desafío y sorprender con algo no esperado. La innovación debe considerarse siempre desde el punto de vista del riesgo, ya que, aunque la mayoría de las invenciones son inútiles un número reducido son verdaderos grandes adelantos que transforman todo.
  7. Cuidar el ambiente: tan importante como los platos que vamos a degustar es el ambiente donde los comensales pasarán la velada. Las emociones positivas incrementan nuestros sentidos, elevan nuestra capacidad de percepción. Pensar en esos pequeños detalles que acompañan al proceso son también importantes y a veces la clave del éxito. Hay que cuidar las condiciones que favorecen la creatividad en las que las personas generan acciones que son efectivas para el propósito perseguido.

La guinda final es contar con un buen cocinero y el mejor equipo, con el líder capaz de emocionar e ilusionar a todo el equipo, en creer que todo es posible y en estar dispuestos a dar más allá del esfuerzo razonablemente posible. Conseguir ser una referencia en todo el mundo, para que cualquier comensal esté dispuesto a visitarnos, a degustar el menú y, por supuesto, a pagar lo que le pidamos. Con el paso del tiempo lo que recordará será una experiencia única, los platos consumidos, el ambiente y las emociones vividas. ¿El precio? jamás recordará lo que pagó, simplemente porque no le importaba. Todo ello ha sido posible porque el líder y el equipo se han fundido en un único proyecto, porque “juntos no tenemos límites”

¿Es el cambio una obligación o una opción?

Tras años de grandes incertidumbres donde todo ha cambiado, cada vez con más novedades tecnológicas que hacen que los ciclos de maduración de los productos se reduzcan y, sobre todo, con un consumidor mucho más reflexivo y con múltiples opciones de elección, las personas y las organizaciones nos enfrentamos a un mundo diferente. Nada será igual en el futuro.

Ante esto sólo nos queda el cambio continuo. Hay dos opciones de cambio: adaptación o intencional, es decir, se quiere cambiar o no hay más remedio que hacerlo. En ambos casos, lo importante es tener paciencia y perseverar para dar continuidad a los procesos de transformación. Las cosas pasan tan rápidamente y las tendencias globales nos afectan tan directamente que la necesidad de cambio continuo es algo que debe formar parte de la cultura de las personas y todas las organizaciones. El cambio no es una opción es una obligación.

Sin embargo, el cambio es algo a lo que las personas y las organizaciones nos oponemos de facto, especialmente, si el cambio nos genera incertidumbres y consecuencias difíciles de imaginar. En los momentos de cambio siempre aparece la voz de la continuidad (no cambio) como resistencia porque rompes las estructuras existentes. Es necesario permitir que se expresen, hay que escuchar, tener en cuenta lo que aporta valor al proceso de cambio y perseverar en las mejoras.

AZTI-Tecnalia es, entre las empresas españolas, la organización número 41 que más invierte en I+D

El INE ha publicado durante el 2012 la Encuesta nacional de Innovación Empresarial 2011 (sobre total de 20.487 empresas) AZTI-Tecnalia ocupa el puesto número 41 entre  las empresas españolas que más invierten  en actividades de I+D y el 7º puesto entre las empresas de la CAPV  (sobre un total de 1.801).

En el actual contexto de crisis económica, AZTI-Tecnalia ha logrado en 2012 unas cifras de facturación y empleo verdaderamente positivas. Los ingresos generados han sido de 19,4 millones de euros y la contribución directa al PIB de Euskadi ha sido de 17,2 millones y un resultado positivo de 668 miles de €. La recaudación fiscal estimada derivada de la actividad de AZTI-Tecnalia (IRPF, IVA e impuesto de sociedades) ha ascendido a de 5,6 millones de euros.

Pero más importante que las cifras son las personas. En este sentido nos gustaría destacar que el empleo medio anual mantenido de forma directa por la Fundación se eleva a 244 personas (29 doctorandos), mientras que el mantenido de forma indirecta es de 214 al año. La cifra de empleo anual se ve completada por los puestos de trabajo creados a través de las Nuevas Empresas de Base Tecnológica (NEBTs) impulsadas por el Centro. El año pasado se promovió la creación de tres nuevas compañías, que crearon 33 nuevos empleos, han realizado una inversión total de 18 M€, y generado una recaudación fiscal de 4,3 M€.

Son también destacables de impacto social y económico por la transferencia de conocimiento y tecnología que realiza AZTI-Tecnalia sobre el tejido empresarial:

  1. Contribución al desarrollo de la “economía azul marina”: Los mares y océanos que rodean Europa ofrecen nuevas oportunidades para cumplir los objetivos de EUROPA 2020. Para hacer realidad este potencial, es necesario que las empresas tengan más facilidades para invertir, y es ahí donde AZTI-Tecnalia desarrolla su papel ofreciendo soluciones basadas en la I+D+i para bajar los costes, reducir los riesgos y estimular la innovación en todas las actividades vinculadas al mar: transporte, ocio, generación de energía, búsqueda de alimentos (pesca y acuicultura). En este sentido, por cada 1 € invertido por AZTI-Tecnalia se movilizan 7 € en el sector, lo cual ha supuesto en el 2012 un impacto económico y social estimado en 73 M€ inversiones y actividad económica en el sector aportando 18,2 M€ en ingresos fiscales y se ha contribuido a la creación y mantenimiento de 243 empleos/año.
  2. Mejora de la competitividad en la Industria Alimentaria: Este sector es el que más contribuye al PIB de Europa, el segundo en España y uno de los principales de la CAPV. Su capacidad de generación de empleo directo e indirecto, integración de la agricultura, ganadería y pesca en la cadena de valor, motor de la innovación de otros sectores como el de bienes de equipo, transporte y comercio al por mayor le convierten en un sector estratégico y que precisa también soluciones basadas en la I+D+i para bajar los costes, reducir los riesgos y estimular la innovación en todas las actividades para poder competir globalmente. Desde AZTI-Tecnalia desarrollamos una importante actividad de innovación y transferencia de tecnología y conocimientos con un impacto social y económico muy importante en el sector, destacando en el 2012 que cada 1 € invertido por AZTI-Tecnalia  la industria  alimentaria moviliza 15 €, lo cual supone que las empresas que ha colaborado con AZTI-Tecnalia han generado inversiones y actividad por 68 M€ y 16 M€ ingresos fiscales, y se han contribuido a la creación y mantenimiento de 714 empleos/año.

Todos estos datos son un buen ejemplo de la capacidad innovadora de nuestra organización. En este sentido, el INE ha publicado durante el 2012 la Encuesta nacional de Innovación Empresarial 2011 (sobre total de 20.487 empresas) AZTI-Tecnalia ocupa el puesto número 41 entre  las empresas españolas que más invierten  en actividades de I+D y el 7º puesto entre las empresas de la CAPV  (sobre un total de 1.801).

 El compromiso de AZTI-Tecnalia con el desarrollo económico, social y medioambiental de su entrono también ha quedado patente con nuestra participación en algunas de las iniciativas singulares estratégicas del País Vasco. Entre ellas, cabe destacar el Basque Culinary Center y el proyecto Oceantec para generar energía de las olas del mar.

De la misma forma que podemos conseguir energía con la fuerza del mar, con la fuerza de la innovación y de las personas que formamos AZTI-Tecnalia continuaremos con nuestro compromiso de aportar valor a la sociedad y buscar el progreso y bienestar para todos.

¿En qué sectores hay futuro?

El Director de Desarrollo de Negocio de Tecnalia, Agustín J. Sáenz.s explica en un artículo que publica hoy El Correo (http://goo.gl/Tzi34)  porque a veces “los buenos marinos se les reconoce en medio de las tormentas”.

Agustin Saenz Director Desarrollo de Negocio de Tecnalia

El pasado no garantiza nuestro futuro, pero sienta las bases para su logro. Todos los sectores pueden tener futuro, pero el camino para conseguirlo será diferente en cada sector y para cada empresa dentro de un mismo sector. Algunos tendrán que reinvertar su modelo de negocio, abandonar sus mercados o clientes tradicionales y abrirse a nuevos, otros diversificar sus productos, adecuar los canales de relación y comunicación con sus clientes, las alianzas para ofrecer propuestas de valor diferenciadas y competitivas en precio y calidad, etc.

Más alla de la intuición empresarial basada en complicados procesos mentales, que no se comprenden todavia bien, por el cual hay personas capaces de identificar oportunidades de negocio donde otros no las ven, las organizaciones necestiamos de una buena inteligencia del negocio, es decir,  disponer en cada momento de la mejor y más completa información que incide en nuestro negocio: cambios en las percepciones de los clientes, movimientos de la competencia, macro tendencias que afectan  de forma transversal a todos los negocios,….. Ello nos debe ayudar hacer una adecuado análisis de riesgos en todos los procesos de la organización, identificar acciones para minimizar el impacto en la misma y descubir oportunidades donde no las vemos.

Y por último, los lideres del cambio, capaces de asumir los riesgos, ilusionar a las personas y perseverar en las metas, porque las oportunidades no se pierden las ganan otros.

 

La innovación no tiene limites, los recortes si.

En este escenario de importantes incertidumbres y crisis económica, la lucha por la competitividad empresarial ha sido una de las palancas clave donde tanto las empresas como las instituciones han puesto el foco. Competitividad que ha venido marcada por un primer objetivo de reducción de costes de todo tipo, con el fin de conseguir unos precios más competitivos en el mercado. Sin embargo, la reducción de costes tiene un límite y en muchas empresas se está o se ha llegado a él, no hay mucho más margen de maniobra en esa dirección.

Conscientes de esta limitación algunas empresas y administraciones han impulsado también medidas de mejora de la competitividad desde otro enfoque. La competencia hoy es feroz, y solo puede esperarse que lo vaya a ser más. La lucha por el precio y la eficiencia han sido hasta ahora el foco, pero y a pesar de la crisis, la nueva batalla será, además, por la innovación en todas las áreas dela organización y el “time to market”. Estamos ante un mundo cada vez más interconectado ante un sistema en red, cada día más complejo y robusto, un consumidor más reflexivo y con múltiples opciones de  elección. Los ahorros de costes por sí solos no hacen las empresas más competitivas. La competencia de costes más bajos debe ser contrarrestada con la innovación de vanguardia en productos, procesos y servicios, no hay otra alternativa para países con altos salarios y mayores costes operativos. La innovación no tiene límites.

5 claves para incorporar la innovación abierta a tu organización

  1. Darse cuenta de que las personas que más saben del negocio de tu organización no forman parte de la misma es clave para abrir tus procesos y tu organización al conocimiento de otras personas y organizaciones. Las mejores ideas están en todas partes y las empresas deben establecer canales para descubrir y captar aquéllas que pueden aportar valor a su negocio, desde descubrir nuevas ideas de productos hasta formas diferentes de relacionarse con los clientes. Vivimos en un mundo interconectado y eso es una oportunidad para acceder a personas y organizaciones de todo el mundo.
  2. Cuanto más generoso se es compartiendo más imprescindible te vuelves.Aporta valor a tu negocio y productos incorporando desde el diseño hasta el servicio postventa ideas y conocimiento de los diferentes agentes de tu cadena de valor, ya que las especificaciones de tu producto y servicio son la suma del conocimiento de todos.
  3.  Acelerar los procesos de innovación reduciendo el “time to market” es más clave que nunca. Reduce tiempo y costes, y captura soluciones e ideas innovadoras fuera de tu organización buscando aliados que tienen el conocimiento o recursos clave que necesitas para que tu propuesta de valor a los clientes sea realmente diferente y mejor que la competencia.
  4. Explora otros negocios e integra en tus procesos tecnologías de otros sectores que produzcan una innovación radical en tu sector. Combinar o integrar el conocimiento de otras cadenas de valor o negocios nos ofrece oportunidades de dar saltos radicales en las propuestas de valor que hacemos a los clientes, nos ayuda a diferenciarnos y avanzar de manera significativa en los productos y modelos de negocio.
  5. Siempre es más barato y rentable colaborar con tu enemigo que competir contra él. Amplia tus vínculos, explora e implementa todas las opciones de integrar conocimiento nuevo en tu organización, abaratar costes de aprovisionamientos o logística, especialización de activos productivos, acceder a nuevos mercados internacionales, etc. Todo es posible es cuestión de proponérselo y pensar en todas las opciones.